Síntesis de la Historia de la Música – Parte 1

Síntesis de la Historia de la Música, por Eduardo Plaza
Capítulo I 
Preámbulo. La Junta Directiva de la Orquesta Sinfónica Venezuela, con el deseo de hacer de la presente revista no solamente una publicación de carácter informativo, sino también un órgano de difusión cultural, ha considerado conveniente incorporar en sus secciones permanentes un curso de Historia de la Música, concebido en forma tal que abarque los principales aspectos de ésta y que, sin entrar en disquisiciones eruditas ni en detalles meramente anecdóticos, señale, en lenguaje accesible a la mayor cantidad de lectores y en artículos breves y concisos, lo que verdaderamente interese conocer a todo músico profesional o aficionado, acerca del origen y desarrollo del arte de los sonidos.
Muchas personas hay que conocen innumerables anécdotas musicales y están al corriente de la vida y milagros de cantantes, ejecutantes y directores famosos, por lo que se consideran versadas en historia de la música. Tales detalles, sin embargo, constituyen, cuando más, la “pequeña historia”, la que menos interesa en realidad, ya que sólo puede preciarse de poseer conceptos serios y sólidos de historia musical quien conozca las principales obras de los grandes maestros y los secretos de su técnica; las características de los distintos períodos por los que la música ha atravesado. La evolución de las formas y, en síntesis, todo aquello que permita comprender más cabalmente el mensaje contenido en las grandes creaciones musicales.
Mucho me honra que se me haya confiado, por nuestro máximo organismo sinfónico, la tarea de elaborar ese curso que se inicia con el presente número y en el cual habré de procurar,  dada la necesaria brevedad de escritos de esta índole, referirme solamente a lo que verdaderamente valga la pena mencionar por su trascendencia en el desarrollo de la música. En la presente oportunidad me limitaré a señalar, de modo general, la importancia de este estudio, las ramas que abarca y los principales períodos en que suele dividirse la historia musical. El próximo capítulo versará en algunos pueblos de la antigüedad.
Importancia y utilidad del estudio de la historia musical. Hay disciplinas científicas y actividades artísticas en las que el estudio de la respectiva historia no pasa de ser un complemento cultural no indispensable para el ejercicio de la correspondiente actividad. Un cirujano, por ejemplo, puede ser muy competente sin conocer a fondo la historia de la medicina; un poeta puede hacer hermosos versos aún ignorando la historia de la poesía universal, siempre que uno y otro dominen una técnica cabal y a pesar, repito, de que desconozcan el largo proceso histórico que esa técnica a sufrido antes de llegar a sus manos. En música no ocurre lo mismo, por el hecho de que ésta, para llegar físicamente al oyente, requiere la intervención de un interprete que, por regla general, es una persona distinta de la que creó la obra, o es ejecutada por un grupo de personas como las que forman una orquesta, un trío, un cuarteto o cualquier otro conjunto vocal o instrumental.
Esta particularidad de la música basta para demostrar la importancia capital que tiene el estudio de su historia, ya que difícilmente puede traducirse con fidelidad el mensaje contenido en una obra musical, si se ignora la época en que esta se produjo, las características del estilo, las ideas estéticas del compositor que la creó y,  en suma, todo aquello que constituye, por así decirlo, su razón de ser.
Igualmente necesario es este conocimiento, no ya para los intérpretes, sino para toda clase de persona que de veras desee entender la música y gozar la plenitud de su mensaje. Ese conocimiento, en efecto, nos capacita para mejor juzgar las obras como expresión de las épocas en que se produjeron y en relación con los ideales que en ellas se pretendió alcanzar y con lo que trajeron de nuevo o conservaron del pasado. Una persona ignorante de estas cosas difícilmente entenderá, por ejemplo, el lenguaje de un Palestrina o de un Victoria, y encontrará rudimentaria y monótona la obra de estos maestros, al compararla con algún coro trivial de alguna ópera moderna, simplemente porque desconoce el hecho de que ésta fue escrita, a varios siglos de distancia, con una armonía evolucionada.
A estas consideraciones es preciso añadir que, desde el punto de vista puramente cultural, la música constituye una de las principales conquistas del espíritu humano, por lo que el conocimiento del maravilloso proceso de su desarrollo tiene por fuerza que ampliar con ricas perspectivas el horizonte de nuestro dominio intelectual.

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Solistas invitados – parte 2 (1966)

José Antonio Abreu – Pianista venezolano
Nació en Valera (Estado Trujillo) en 1939. Inició sus estudios musicales en Barquisimeto bajo la dirección de la profesora Doralisa Jiménez de Medina. En 1958 ingresó en la Escuela Superior de Música José Angel Lamas donde obtuvo los grados de Profesor Ejecutante de Piano, Profesor Ejecutante de Órgano, Profesor Ejecutante de Clavecín y Maestro Compositor bajo la dirección de los Maestros Vicente Emilio Sojo, Moises Moleiro, Evencio Castellanos y Gonzalo Castellanos Yumar. Es Co-director de la Orquesta de Cámara de la Universidad Central de Venezuela. Desde 1959 ha actuado en más de 40 conciertos como solista de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, Orquesta de Cñamara de la Universidad Central de Venezuela, el Collegium Musicum de Caracas y en recitales. En 1966 le fue conferido el Premio Nacional de Música Sinfónica por su Cantata “Verit Mulier de Samaria”. En 1961 obtuvo el grado de Economista en la Universidad Católica Andres Bello. Para 1966 se encuentra ejerciendo el cargo de Diputado del Congreso Nacional y es profesor universitario.
Isaac Hernandez – Cornista venezolano
Natural del Estado Táchira, Comenzó sus estudios musicales en la Academia de Música de San Cristobal con el Maestro Andres Sandoval. Luego obtuvo una beca para continuar sus estudios en Caracas donde recibió clases con el cornista Cesare Esposito además de estudiar con Fernando Rueda Márquez, Eugenio Lippeti e Inocente Carreño. Desde 1956 forma parte de la fila de cornos de la Orquesta Sinfónica de Venezuela y ha actuado varias veces como solista y recitalista en Caracas, Maracaibo, en la radio y en la televisión. En 1965 obtuvo un meritorio quinto lugar en el célebre Concurso Internacional de Ejecución Musical de Ginebra (Suiza). En 1966 fue invitado a Colombia para actuar con la Orquesta Sinfónica de Bogotá, cosechando grandes aplausos y elogios por parte de la prensa local.
Antonio Urea – Violinista venezolano
Nació en Caracas y desde mu temprana edad su vocación musical fue evidente. Inició sus estudios a los ocho años de edad, recibiendo clases de violín del prestigioso Maestro José Lorenzo Llamozas, bajo cuya dirección se han formado los mejores violinistas venezolanos. Mas tarde viaja a Argentina y en Buenos Aires perfecciona aún más sus conocimientos y su técnica con el célebre profesor Ramos Mejías. Por espacio de tres años realizó un curso de perfeccionamiento en la Academia Internacional Mozarteum de Salzburgo, habiendo asistido, también, a los diferente cursos dictados en la Academia Internacional de Música de Niza. Dichos cursos están dirigidos por el violinista Ricardo Odnoposoff. Antonio Urea ha consagrado toda la vida a su instrumento; con dedicación y sacrificio ha logrado adquirir una envidiable técnica que lo coloca, sin duda alguna, como uno de los más capaces violinistas venezolanos de su época.
Johan Patist – Pianista Holandés
Nació en Utrech en 1912. Obtuvo el diploma de mención “Cum Laude” en el Conservatorio de su ciudad natal. Cursó sus estudios de piano con Paul Frenkel y Jaap Spaanderman, estudios de composición y dirección con Willem van Otterloo. Más tarde estudió también con Jan Smeterlin en Londres y Paul Baumgartner en Basilea. Ha dado concierto con casi todas las orquestas sinfónicas de Holanda y otros países habiendo acompañado a conocidos artistas holandeses y extranjeros en diversas ciudades europeas. También ejerció la pedagogía en el Liceo de Música de Amsterdam y en el Conservatorio de Utrech.

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Solistas invitados – parte 1 (1966)

Rodolfo Caporali – Pianista italiano
Nació en Roma donde estudió música con Alfonso Rendano y Alfredo Casella. Al mismo tiempo completaba su educación clásica graduándose en Leyes. Después de esto dedicó toda su actividad a la música, conquistando de inmediato los favores de los críticos y auditorios. Se hizo extensamente conocido por su excepcional talento como virtuoso e intérprete. Fue invitado por las más importantes Sociedades de Música de Europa para actuar como solista bajo la batuta de famosos directores. Su intensa actividad concertística fue luego extendida a la America Latina, Africa del Norte, Medio Oriente y la Unión Soviética. Rodolfo Caporali es miembro de la Academia “Santa Cecilia” y es titular de una de las principales cátedras de piano en el Conservatorio del mismo nombre en Roma. Caporali es también el autor de varios ensayos de material musical. Periódicamente es invitado a formar parte como jurado en concursos internacionales de pianos como el de Génova, Rio de Janeiro, Palma de Mayorca y Beirut.
Lola Linares – Soprano venezolana
Estudió teoría musical y piano en el Conservatorio de Bruselas. En Caracas fueron sus maestros los profesores Carmen Teresa de Hurtado y Primo Casale. Se ha presentado con gran éxito en la Biblioteca Nacional y con la Orquesta de Cámara de la Universidad Central. La Orquesta Sinfónica de Venezuela la invitó como solista en dos conciertos, uno dedicado a compositores franceses y otro a compositores venezolanos, ambos dirigidos por el Maestro Primo Casale. Participó también en la primera ejecución en Venezuela de la Cantata “Alejandro Nevsky” de Sergei Prokofiev dirigida por el Maestro Angel Sauce. Ha actuado con acierto en las temporadas de ópera en el Teatro Municipal de Caracas protagonizando “Tosca” e interpretando el papel de Elisetta en “El Matrimonio Secreto” de Cimarosa y el de Eleonora en “El Trovador” de Verdi. En Italia fue elogiada por la crítica al participar, como soista, en un concierto de música sacra con la Orquesta de Cámara de la Universidad de Pavia. Se ha presentado en varias ocasiones en el Ateneo de Caracas, destacándose entre ellas un concierto en homenaje a Clude Debussy. Igualmente se ha presentado con éxito en Maracaibo, Ciudad Bolívar, Cumaná, y otras ciudades del interior, así como audiciones por radio y televisión. Gracias a su bella voz y a su sólidad preparación en cultura musical y técnica vocal, Lola Linares es considerada como una de las más brillantes artistas de Venezuela.
Harriet Rothstein – Pianista norteamericana
Comenzó sus estudios pianísticos a los cinco años en Philadelphia, Estados Unidos. Estudió con Vladimir Sokoloff en el Curtis Institute y se graduó con altas calificaciones en musicología en la Universidad de Pennsylvania. Ofreció recitales en los “Cursos para Maestros” del pianista Robert Casadesus en el Palacio de Fontainebleau, Francia. Ha tocado con mucho éxito en recitales, como solista con orquesta y formado parte de grupos de cámara en Estados Unidos, Venezuela y las Antillas Holandesas. Para 1966 se encontraba refinando su técnica en Venezuela en el Instituto Nacional de la Cultura y Bellas Artes (INCIBA) siguiendo el curso de perfeccionamiento de la Maestra Harriet Serr.
“En Harriet Rothstein se conjuga un refinado arte de interpretación de grandes sutilizas con una formación admirable que domina la técnica … nos deleitó con su refinado toucher y su exquisita sensibilidad de notable intérprete”. – Rhazes Hernández López. Diario El Universal, 26 de abril de 1964.

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Directores Invitados (1966)

Continuando con la serie de artículos transcritos de la Revista Orquesta Sinfónica de Venezuela, aquí tenemos los directores invitados que compartieron escenario con la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el año 1966.
Urs Schneider – Director Suizo
Nacido en St. Gall (Suiza) en 1939, comenzó sus estudios musicales a la edad de 6 años. En 1954 creó su primera orquesta de 70 profesores en su ciudad natal, bajo el título de Orquesta Pro-Música, la cual dio conciertos durante varios años en Suiza Oriental. Simultáneamente continuaba sus estudios musicales y de violín en el conservatorio de Zurich, donde se gradúa con brillantes calificaciones en 1961. Ese mismo año sale para Italia con el Grupo de Cámara de la Orquesta Pro-Música. También actúa como asistente del director Jean Meylan (alumno de Weingartner) en su gira en las islas británicas. Prosigue sus estudios y se dedica a fondo a la música moderna bajo la dirección de Eric Schmid, al mismo tiempo que recibe la enseñanza del ilustre maestro Otto Klemperer, el cual lo lleva como asistente para temporada de conciertos en Londres. Nombrado en 1963 Director de Orquesta del Teatro del Estado de Bavaria del Sudoeste, dedica simultáneamente algún tiempo para dirigir algunos conciertos en Alemania, Bélgica, Holanda, Italia, Portugal y Estados Unidos.
Evert Van Tright – Director Holandés
Nació en Rotterdam en el año 1930. A la edad de nueve años empezó a tocar oboe. Recibió clases de Jaap Stotijn, progresó rápido y durante sus estudios de bachillerato ya dio un considerable de conciertos y recitales. Tenía 17 años cuando terminó sus estudios en el conservatorio y consiguió un puesto como primer oboe en la Orquesta Brabantia, la cual – desde entonces- ha acompañado como solista muchas veces. Como oboísta se presentó en Holanda, Bélgica, Francia, Suiza, Austria, Alemania e Italia. A la edad de 25 años recibió clases de dirección. El sello discográfico Philips produjo disco de cinco conciertos de oboe tocados por Van Tright, entre otros con I Musici y con la orquesta Filarmónica de Viena.
Primo Casale – Director Italiano
De origen lombardo, el Maestro Casale estudió en el Conservatorio de Milán, diplomándose en violín y composición. Su obra como compositor es abundante y en ella figuran un Cuarteto de Cuerdas, Sonata para violín y piano, Suite para gran orquesta, Concerto Grosso y diversos trabajos para piano, canto y música de cámara. En el año 1957 obtuvo con su Sonata para  violín y piano el Premio Nacional de Música de Cámara, ganando nuevamente este galardón el año 1964 con una nueva Sonata Concertante para piano, violín, viola y violoncello. Su carrera de director la inició con su propia orquesta de cámara en Milán y con esta agrupación recorrió con notable éxito Alemania e Italia. Después de la guerra fue llamado a dirigir conciertos en la Scala de Milan, en los Festivales de Mayo Florentino, en el Teatro Fenice de Venecia, en Roma, Génova y con la Orquesta de la Radiodifusora de Turin. En Caracas su nombre es ampliamente conocido como director de orquesta, tanto por sus actuaciones en las presentaciones de Escuela Nacional de Ópera, de la cual es su director permanente, como en sus actuaciones al frente de la OSV como director invitado; demostrando en ellas su solida preparación de músico y la penetrante capacidad espiritual de sus interpretaciones.
René Rojas – Director venezolano
Compositor y director de orquesta yaracuyano. Comenzó su formación musical con las profesoras Dora Liza Giménez y Blanca Estrella de Méscoli, haciendo más tarde cursos de armonía con Antonio Estevez en la Escuela Superior de Música José Angel Lamas y contrapunto con Primo Casale. En 1953 recibió su título de Doctor en Odontología, profesión a la cual estuvo dedicado durante cuatro años hasta que su vocación musical lo impulsó a viajar al exterior. En 1958, becado por la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, viajó a Paris donde estuvo radicado durante cinco años aprovechando la enseñanza de la eminente compositora Nadia Boulanger quien escribió de él: “Tiene buen oído, un perfecto sentido de la armonía y un profundo amor por la música. Estoy persuadida que hará una brillante carrera”. René Rojas fue admitido por concurso a la Cátedra de Dirección de Orquesta del Conservatorio Superior de Música de Paris donde estuvo haciendo el curso de dos años, bajo la tutela de Eugene Bigot y Robert Blot, siguiendo más tarde estudios en el Conservatorio Real de Bruselas y en las academias de verano de Valencia (España), Viena y Niza.

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La orquesta sinfónica a la vista

Por RENÉ ROJAS.

Es curioso observar la cantidad de gente que asiste a un concierto sin tener la mas leve idea del nombre del instrumento que esta escuchando; pregunte por curiosidad, en el momento de la entrada de los profesores de la orquesta, el nombre de cualquier instrumento, le aseguro que escucharía las respuestas más disparatadas, y es que los amantes de la música hoy en día se limitan a escucharla sin prestarle mucha atención. Algunos, considerándose muy versados, hacen juicios comparativos entre Renata Tebaldi y Maria CaIlas respecto a “Tosca”, o bien, pueden saber cuantas versiones existen de la Quinta Sinfonía de Beethoven, pero el material con el cual se expresa la música, los diversos instrumentos a pesar de verlos constantemente les son completamente desconocidos. La música es un juego y como tal tiene sus reglas que deben ser conocidas por los “aficionados”; hoy, por la velocidad con que vivimos, por la estrechez de nuestras viviendas, se hace poca música en casa, los pianos han quedado silenciosos o han pasado a ser “muebles”, las partituras de canciones, valses, etc, que antaño fueran motivo de reunión familiar, han sido sustituidas por las revistas y los discos; en cambio, ha entrado al hogar la radio, la televisión y ese monstruo de grandes orejas que es el tocadiscos estereofónico.

 Una Orquesta Sinfónica es la agrupación de varias secciones o familias estructuradas en forma determinada por su naturaleza: la sección de Cuerdas, la sección de Viento-Madera, la sección de Viento-Metal y la sección de Percusión.

Antes de adquirir su estructura actual y quizás transitoria, la Orquesta Sinfónica ha sufrido varias transformaciones.

En el año 1600 se opera la división entre polifonía bocal y polifonía instrumental, es decir, que se emplearan los instrumentos sólo cuando estos sean necesarios y generalmente para suplir o duplicar una voz. Hacia 1700 fueron establecidas las primeras bases de la orquesta actual, las obras de Bach y Haendel necesitaban la presencia de un conjunto de cuerdas y vientos, sostenidos por el bajo continuo -clavecín- reforzado por los bajos y un violonchelo. En 1730 Juan Sebastian Bach solicita una pequeña orquesta al Concejo Municipal de Leipzig compuesta solamente por 21 músicos, y su petición fue negada. Haendel, con mas suerte y mas exigente que Bach, obtiene en Londres una orquesta de 100 músicos para su famosa Water-Music.

En la época de Mozart y Haydn la orquesta es muy restringida, en el Palacio de Esterhazy, Haydn disponía de una pequeña orquesta de 12 músicos, los cuales dirigía el mismo desde el clavecín.

Con Beethoven, la orquesta adquiere un color diferente y una expresión mas decidida, sobre todo la importancia que adquieren los instrumentos de viento, aunque la orquesta en total no sobrepasa al número de 50 ejecutantes.

Con el romanticismo, y sobre todo con las obras de Berlioz y Wagner, la orquesta continua creciendo, aparece el Corno lnglés -que no es corno ni es inglés-, el Clarinete Bajo, el Contrafagote, la Tuba, el Arpa, la Celesta -que Tchaikovsky escucha en Paris e introduce a la orquesta en su Suite Cascanueces-. Al aumentar el número de instrumentos de viento, se aumenta proporcionalmente el número de las cuerdas (Violines, Violas, Cellos y Contrabajos).

La gráfica presenta la disposición actual de la Orquesta Sinfónica Venezuela.

De frente al Director, se encuentra la Primera Sección o Familia de Cuerdas, formada por los primeros Violines, situados a la izquierda; los segundos Violines, de frente y a la izquierda, las Violas o Altos de frente y a la derecha, los Violonchelos o Bajos a la derecha y al fondo, los Contrabajos. A pesar de su composición, este grupo de instrumentos se llama el Cuarteto, pues esta tradicionalmente considerado como la base de la orquesta. (Una orquesta sinfónica mediana comprende generalmente 12 primeros Violines, 10 segundos Violines, 9 Violas, 8 Violonchelos y 6 Contrabajos; total, unos 45 ejecutantes de cuerdas). La gráfica muestra entre los Contrabajos y los Violoncelos a las arpas que pertenecen a un grupo aparte de las cuerdas debido a su forma de ejecución.

La segunda Sección o segunda Familia son los Viento-Maderas: Flautín o Pícolo, primera y segunda Flauta; primero y segundo Oboe, 1 Corno inglés -que en realidad es un Oboe contralto y que por una transformación idiomática del francés cor-anglais, ha cambiado de nacionalidad-; primero y segundo Clarinete y Clarinete Bajo o Clarón; primero y segundo Fagote y un Contrafagote -que es el instrumento mas grave de la orquesta-, todos estos instrumentos constituyen, pues, el grupo de las maderas, aunque no deben sorprenderse ver algunas flautas y clarinetes modernamente construidos de metal.

La tercera Sección o Familia de Viento-metal, llamados también los Cobres, son primera, segunda y tercera Trompeta; primera, segunda, tercera y cuarta Trompa o Corno; primero, segundo y tercer Trombón de tesituras diferentes (alto, tenor y bajo) y las Tubas, de las cuales se usa solamente una, agregada a los trombones. Las Tubas diseñadas por Ricardo Wagner son usadas únicamente en algunas de sus operas.

La Celesta, como el Piano -cuando éste no es solista- forma parte en la música contemporánea del color o timbre orquestaI. Stravinsky en Petrouschka; Manuel de Falla en el Amor Brujo, usan el Piano como instrumento de percusión. Seria largo enumerar los instrumentos mas tradicionales como el Timbal, Redoblante, Platillos, Bombo, Triángulo, a los cuales se agrega el Xilófono, Panderetas, Castañuelas y, en fin, todo instrumento que se le quiera dar un tratamiento especial sin olvidar los instrumentos Radio-eléctricos como las Ondas Martenot.

Una orquesta moderna de mayores ambiciones estaría compuesta por 18 primeros violines, 16 segundos violines, 14 violas, 12 violonchelos, 10 contrabajos, 4 instrumentistas de cada grupo de la sección de maderas, 6 trompas, 4 trompetas, 4 trombones, 2 tubas, etc, haciendo un total aproximado de 120 ejecutantes.

Por ejemplo, la Filarmónica de Berlin tiene 150 ejecutantes; la Orquesta del Estado de Baviera (Ópera), 160; la Filarmónica de Nueva York, 130. En general, las orquestas sinfónicas modernas de las grandes ciudades del mundo cuentan con por lo menos 120 ejecutantes.

El hecho de aparecer este artículo en un órgano de difusión de la Orquesta Sinfónica Venezuela es algo muy significativo para mi, pues un Director de Orquesta debe ser un pedagogo para enseñar al publico el material con el cual trabaja; solo así podremos mejorar la condición de nuestra audiencia y hacer mas vivo un concierto sinfónico.

Caracas 1966.

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Publicado originalmente en la Revista Orquesta Sinfónica Venezuela – Nº 1 Año I Octubre 1966 página 18.

Linaje de tradición de la Orquesta Sinfónica de Venezuela – parte 2

Continuación de: Linaje de tradición de la Orquesta Sinfónica de Venezuela – parte 1

Por Eduardo Lira Espejo

Si la música continuaba a través de los conciertos, su misión social, lo vital de si misma se concentraba en el servicio del culto católico. Las iglesias le brindaron la atmósfera apacible y tonificante que precisaba su fortaleza resentida, de tal manera que, lenta pero con vigor insospechado, se recuperó de los tropiezos sufridos en el ajetreo bélico. Para justificar la trascendencia artística de este momento histórico, muchos serían los ejemplos y nombres de figuras brillantes que podrían citarse en los cincuenta primeros años del siglo XIX; sin embargo, es suficiente para tal finalidad recordar a Lino Gallardo, quien no escatimó conocimiento ni dinamismo en bien del progreso de la música de Venezuela. Lino Gallardo dio pruebas proverbiales de su afán constante de superación, tanto en la enseñanza como en sus deberes de músico contraídos con el templo; lo mismo en la gracia espontánea de sus composiciones que en la disciplina que mantenía en su trabajo de director. Con Lino Gallardo compartieron la fama, obtenida en buena lid, Cayetano Carreño y Atanasio Bello Montero, los que con tacto hábil, junto con imprimirle un sello de seriedad, tienden a estabilizar en el país las actividades musicales.

Espíritus nuevos, compositores y ejecutantes talentosos, se suman en la trayectoria de la música de Venezuela, la cual desde siglos estuvo robustecida por el aporte generoso de tantos venezolanos ilustres. En este aspecto, es conveniente mencionar ahora, que una de las contribuciones más efectivas la aportó la familia Montero, cuya influencia significativa se advierte desde Bernabé Montero, emigrante español y músico de propósitos sinceros, cuyo nieto José María Montero, fallecido en 1881, enseñó música con dedicación ejemplar, durante 65 años. La sociedad y el pueblo venezolano rodearon de prestigio y de respeto a tan preclara mentalidad de artista y Don José María Montero contó siempre con la veneración inalterable de sus discípulos, entre quienes Felipe Larrazabal se distinguió como hombre de pensamiento y sensibilidad finísima de compositor. También fue discípulo su propio hijo, José Ángel Montero, compositor y director de orquesta, autor de Virginia, estrenada en 1873, la primera ópera de un venezolano llevada a escena.

En un espíritu idéntico, de tradición venezolana, se funda el 24 de junio de 1930 la Orquesta Sinfónica de Venezuela. El grupo de ejecutantes que entonces se reunió por primera vez, si fue animado por la intención de ejercitar su arte en la más alta manifestación colectiva, abrigaba también en lo íntimo el propósito muy noble de recuperar un nivel superior al que le correspondía en las actividades musicales. Tal anhelo de progreso logra hacerse efectivo cuando en el país se dispone del aporte imprescindible de una orquesta sinfónica, cuya estabilidad se garantice en las condiciones mejores. Por esto la Orquesta Sinfónica de Venezuela asentada ahora en bases económica su artísticas durables, proyecta una acción vigorosa en la cultura patria que si es en realidad magnífica, no es menos promisoria de perspectivas mejores.

Los directores extranjeros, tan célebres como exigentes, para hacer justicia al grado de eficiencia en que la sinfónica ha desempeñado su labor, en las jornadas cumplidas en común destacan la calidad de nuestra orquesta, con palabras tan elogiosas como sinceras, porque luego, con entusiasmo igual reiteran, en otros países sus conceptos. Tal vez, entre los directivos y los profesores de la orquesta, estos halagos puedan satisfacer el personal y justificado orgullo de artísticas. Pero, la centena de ejecutantes que integra la sinfónica, conquistan además otras satisfacciones más hondas y de más puras resonancias, aquellas de saber que su labor posee un sentido exacto de nacionalidad y tradición venezolanas.

La cordialidad y respeto que presiden el estudio de las partituras de los compositores de aquí, el estímulo afectuoso que brinda a los instrumentos bien dotados, el fervor con que en todo momento, en la sociedad y en el pueblo, cumple su misión de arte, funden la trayectoria de la Orquesta Sinfónica en lo mejor de la tradición musical de Venezuela. La Orquesta Sinfónica de Venezuela, en circunstancia alguna se ha desviado del sentimiento que originó su fundación, de franquear estadios mejores, de servir a la música y a los músicos venezolanos. Permanece fiel el espíritu en que fundamentara Don Luis Cárdenas Saavedra sus enseñanzas, el mismo que después, en la Escuela de Chacao, resplandeciera en calidades originales de músicas, el cual se mantuvo airoso entre los vaivenes bélicos del siglo pasado y que en los días presentes, en la trayectoria de tradición, se remoza en un grupo de compositores auténticos, tan maestros como venezolanos, en sentir, concebir y expresar la música.

Caracas 1953.

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Publicado originalmente en la Revista Orquesta Sinfónica Venezuela – Nº 1 Año I Octubre 1966 p. 11.