JUAN CARLOS NÚÑEZ: ETERNA CONEXIÓN CON LA SINFÓNICA

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La Orquesta Sinfónica de Venezuela cumple 85 años de actividad ininterrumpida. Pionera en el movimiento sinfónico nacional, producto de la ardua labor de músicos que lucharon por darle una continuidad en el tiempo. Juan Carlos Núñez es considerado uno de los creadores musicales más importantes del país. Aparece en la Enciclopedia Europea de la Música donde su nombre figura como uno de los compositores contemporáneos mundiales vivos más importantes de la actualidad y en la Enciclopedia de la Música Bigott (1999). A propósito de este aniversario tan importante para nuestra institución, presentamos esta entrevista con el maestro Juan Carlos Núñez, pianista, compositor, director de orquesta, arreglista y profesor, quien disfruta de vivir y analizar su entorno y de escribir sintiendo a su prójimo, para quien finalmente –como él mismo dice- compone. Ha estrenado sus grandes obras con la Orquesta Sinfónica de Venezuela y aquí nos cuenta sobre una relación que ha evolucionado en el tiempo, siempre para mejor.

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Evelyn Navas Abdulkadir, Prensa OSV. El músico no es ajeno a su entorno. Juan Carlos Núñez es un creador cabal, fiel a su pensamiento y a su accionar, que escribe todavía con lápiz de grafito y pentagrama, una obra que refleje cómo siente y ve a la Venezuela actual. Su creatividad vuela entonces y recurre a todo un arsenal de elementos que surgen en ebullición para reflexionar sobre los acontecimientos de un país cada vez más complejo: “El creador musical se debe a su prójimo” sentencia y no es para menos. Prolífico como compositor, sin aceptar etiquetas, su música busca ser un elemento de análisis, de discusión, de reflexión, para quienes decidan abordarla, ya sean otros músicos, una institución como una orquesta sinfónica o por el público mismo.

Nacido en una Caracas tranquila y aburguesada -casi adormilada de la que hoy quedan muy pocos rastros y rostros- hace 67 años en Santa Rosalía, el propio maestro Núñez revela la fortuna histórica de haber nacido en el reino de Los Nacionalistas, producto particular de un proceso político generado en los tiempos de Juan Vicente Gómez, que pasó en muy poco tiempo y con total precariedad de un atraso en todos los ámbitos de la vida al desarrollo de una conciencia nacional.

Juan Carlos Núñez tuvo una niñez afortunada en medio de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, jugando con un acordeón de juguete a muy corta edad y sin ninguna instrucción musical –pues sus padres no eran músicos- donde tocaba Cuando Vuelva a Tu Lado de la mexicana María Grever. Aún así contempló y lo recuerda vívidamente, la caída de la tiranía: “Fue algo así como los ataques aéreos en Irak. Una situación muy dura y como niño presencié todo eso. Me quedó ese trauma de lo que es ser venezolano y eso me ha acompañado musicalmente”, nos cuenta. Presenciar la creación de la democracia en Venezuela y el surgimiento de los movimientos de izquierda, toda una búsqueda por lograr una identidad política nacional, ha sido parte de su historia y como hombre y como músico, no ha sido ni ajeno ni inmune a ella.

Hoy suele ver desde su ventana -en su residencia en Parque Central- a una capital totalmente diferente a la de 1947, llena de enormes contradicciones, como un volcán que despierta de un aletargado sueño. Y todo ese frenesí -y hasta locura- le llama la atención, nada pasa desapercibido para un músico que ha franqueado sus 44 años de vida artística creando su propia estética, sin rótulos, sin remilgos, sin categorizaciones, porque eso de El Nacionalismo, no va con él: “Esa época pasó y todo lo que tenía que darse ya se dio. Además, el joropo o cualquier elemento folklórico, siempre estarán allí. Expresar elementos de Venezuela en una obra, no es nacionalismo, eso sería un nacionalismo eterno. Como creadores musicales tenemos esa capacidad de traducir a Venezuela en nuestras obras”.

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 Juan Carlos Núñez dirigiendo a la OSV  (Archivo Histórico, Gira a Italia)

La búsqueda y las vueltas de la vida

A los 3 años, mucho antes de articular coherentemente frase alguna, ya Juan Carlos Núñez se sentía plenamente identificado con la música. Tenía la sensación que conocía de siempre el Réquiem de Mozart, aunque en su casa, confiesa, nadie oía música clásica. Con su acordeón de juguete desarrolló una capacidad intuitiva para abordar el lenguaje musical con total claridad y determinación. A sus padres no les quedó más remedio que contratar clases particulares de piano. Adquirió una sólida formación básica sustancial sobre la música universal y a partir de allí toda la vocación por sus estudios musicales fue posible.

Así que bajo la égida de Sergio Moreira comienza a estudiar y luego pasó al Conservatorio de Música José Ángel Lamas, donde estudió con Vicente Emilio Sojo, líder fundador de la Orquesta Sinfónica de Venezuela. Recuerda con cariño su paso por allí: “Fui afortunado, con Sojo saqué 20 puntos en todos los exámenes de Armonía. Estudié con Inocente Carreño, Francisco Rodrigo, el pianista Moisés Moleiro y Evencio Castellanos, ¡grandes maestros!”.

Nombres que forman parte esencial de la historia de nuestra música académica, pues muchos de ellos conformaron el movimiento denominado El Nacionalismo, una estética con un tiempo y autores concretos. Para Juan Carlos Núñez, lo que había que explorarse en esa época ya se hizo: “La gran incógnita para las generaciones juveniles venezolanas sobre el aspecto de la creación musical es preguntarse ¿Qué es el pasado? y ¿Cuál será el futuro? Y a partir de esa reflexión buscar una estética propia. Lo que esos grandes maestros dieron a la composición es invalorable, pero está caduco y atrasado en la Venezuela actual. Por eso me aparté de la Escuela de Música José Ángel Lamas y salí al mundo, a crear una obra diferente y así llego a Tocatta N°1, producto del rompimiento con el dogmatismo, con lo académico, con la cual participo en el Premio Nacional de Música y gano. Dato curioso, el propio Inocente Carreño –un gran maestro para mí y un nacionalista– dirigió a la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el estreno de mi obra, y eso marcó una relación que no se romperá nunca con La Sinfónica, será una conexión eterna”.

Desde 1972 ha compuesto con ritmo frenético una cantidad de obras muy diversas en sus estilos, timbres, colores, sonoridades y acordes, que hasta el día de hoy son interpretados por orquestas y agrupaciones musicales en todo el orbe. Su nombre internacionalmente brilla por sí solo. Su obra orquestal es de gran dramatismo y variedad, desde ópera, música para orquesta, música de cámara, música para cine y teatro, y obras sinfónico-corales. Su relación con el grupo teatral Rajatabla le dio grandes satisfacciones, así como también la sublime música de La Casa de Aguas, de Jacobo Penzo, film venezolano que rinde homenaje a la vida del poeta oriental Cruz Salmerón Acosta.

Juan Carlos Núñez dejó Venezuela un tiempo para perfeccionar su educación y egresó del Curso de Dirección de Orquesta del PWSM de Varsovia, con el maestro Stanislaw Wislocki. En esa búsqueda por desarrollarse a cabalidad, llama la atención del Maestro José Antonio Abreu y le acompaña en los inicios de la creación de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela. Desde 1993 dirige la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez, fundada por él mismo, donde ejerce la otra pasión en su vida: la enseñanza.

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 Juan Carlos Núñez durante el estreno de Cantata Simón Bolívar

Música para enfrentar la neurosis y la necesidad de un logos

Según Juan Carlos Núñez, la creación del arte en América Latina es una instancia con una característica principal: “Basándose en una visión universalista, el continente ha sido bombardeado con ideas extranjeras, conformándose una sustancia indefinida donde el camino facilista ha sido la creación a través del epígono, la copia de los grandes maestros mundiales, en todos los campos del arte, y la música no es la excepción. Friedrich Nietzsche –quien se denominó a sí mismo ‘ciudadano del mundo’- es el primero que cuestiona El Nacionalismo, que era producto de una Europa Central que tomó conciencia de lo nacional para hacerse sentir. Esa conceptualización además de permear la filosofía del Siglo XIX y parte del Siglo XX se extendió a la música, influenciando, incluso, a países de nuestro continente como Estados Unidos, México, Brasil y Argentina, y en Venezuela tuvo su lugar. Pero es una etapa alejada de lo nacional, porque el arte no puede ni imitar ni adueñarse del folklore, que no es de nadie precisamente”.

En la concepción del maestro Núñez, la realidad artística es subversiva: “Pero no violenta, porque en esa búsqueda de contrastar los elementos de la vida misma para expresarlos o revelarlos, se está creando: podríamos decir que la única estética es lo subversivo”.

Como compositor, Juan Carlos Núñez se acercó a la vanguardia más radical que surgió de la Europa amilanada por la Guerra Fría, la cual confrontó a la burguesía complaciente de su tiempo: “había un despertar de una conciencia y luego esa vanguardia se convirtió en un establishment. Eso confundió a los latinoamericanos que pensaron que había que copiar esa estética, exclusivamente europea, producto de esas relaciones entre la Unión Soviética y Occidente, y avanzaron con ella. La idea era evaluar y estudiar desde la semiótica –disciplina científica que estudia los signos y aborda la interpretación y  producción del sentido- pero nunca copiar”.

Y en el campo musical esto hay que aceptarlo: “Hay que ver la creación musical como un lenguaje susceptible de poseer un análisis científico en el área de las ciencias sociales –Historia y Ciencia de la Información- incluyendo la investigación documental. Es importante para el creador, el compositor, enfrentar sus obras con pleno conocimiento de lo histórico. No imagino una obra nueva con fallas en Teoría y Solfeo. Eso sería diletantismo, una irresponsabilidad”.

Para Juan Carlos Núñez la música no es entretenimiento: “No podemos abordar la música como una pose. Eso nos debe llevar a la reflexión porque como venezolanos tenemos nuestros propios logos, nuestra temática y desde allí podemos partir. Esta es una reflexión que va para las orquestas sinfónicas que tratan de identificarse a través de temas que no responden a nuestra identidad como país”.

“Se trata de una búsqueda neurótica que revela que Venezuela desde hace más de 30 años tiene la necesidad de un logos –una imagen, un ícono- que la identifique también en lo musical. Va a requerir un esfuerzo tremendo de nuestros jóvenes creadores por dar con ese logos, que vaya más allá de adueñarse o copiarse del folklore”. Por eso, insiste Juan Carlos Núñez, en que las nuevas generaciones sean estudiosas de los verdaderos maestros, para luego crear nuevas estéticas: “Si repetimos a los nacionalistas, entonces, se repite la historia”.

Venezuela vive un momento ‘catastrófico y espeluznante’ para este creador musical: “No hay piedad en este período histórico del país de la última década. Una nueva generación trata de surgir ante esta raza cósmica. Los símbolos del pasado surgen en estos jóvenes que repiten lo absurdo y decadente. Eso me hace reflexionar porque recuerdo a Rocco Mangieri, especialista en Semiótica en la Universidad de Bologna (Italia), quien me preguntó si creía que debía existir una semiótica musical en Venezuela. Algo difícil de responder, porque musicalmente estamos hechos de una sustancia imposible de palpar sin una morfología. Es por eso que les insisto a mis estudiantes en la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez que estudien el capítulo sobre Íconos en el Tratado de Semiótica General de Umberto Eco. Para la composición o la creación musical, mostrar íconos es una propuesta para revelar al arte como algo más profundo”.

Con ello quiere elevar la reflexión, pues en su última obra Concierto para Orquesta, aborda una estética que involucra aspectos de las raíces árabe, judío sefardí e indígena, como una mirada sobre la estructura subversiva minimalista, una estética por cierto que constituyó la respuesta de los Estados Unidos ante los dogmas europeos. Y con ello hace referencia a que los venezolanos somos producto de un mestizaje múltiple: “contenemos todas las culturas del mundo en nuestros genes. Estamos neuróticos buscando saber quiénes somos y hacia dónde vamos”.

Juan Carlos Núñez se toma muy en serio este tema: “El arte está en relación con la comunicación como ciencia social. El Nacionalismo respondió a la sociedad de su momento histórico. Ahora no es la misma sociedad, las necesidades de expresión son otras y tiene que haber comunicación con la sociedad, en su sentido más puro, sin caer en los tentáculos de la industria del entretenimiento apegada a los resultados de taquilla. La estética musical de la Venezuela actual debe liberarse de esa dinámica que se implantó de excluir de manera dictatorial a los compositores, dada por una mecánica de difusión de la música acoplada a los resultados de ventas en taquilla en los conciertos. Sometieron al compositor al ostracismo, lo enviaron a la Caverna de Sócrates, en aras de la venta de una boletería segura. La industria musical venezolana pasa por una mafia de sacerdotes ortodoxos y académicos y por los subsidiados por El Estado, que hacen prevalecer la venta masiva de entradas en los conciertos, en detrimento de un arte libre. Son radicales, excluyentes y dogmáticos. Lejos de mostrarnos un esplendor, la cultura musical de hoy muestra un inmenso cúmulo de problemas”.

Sin embargo, el maestro mantiene la esperanza: “Se está cuestionando a las instituciones y figuras hasta ahora intocables y allí está el reto para el joven creador desconocido. Se reconoce que hay Festivales y Premios que alientan la producción musical, pero esa es una solución de un 10% para el problema. Esto conlleva a determinar que todo sistema es vulnerable y la crítica y el acto reflexivo son determinantes, pues nutren la discusión y el intercambio en este sistema. En el caso de las disciplinas elementales de ejecución (violín, piano y otros instrumentos) se ve como, ante el talento juvenil, los padres optan por enviar a sus hijos fuera del país a continuar estudios, para librarles de las mafias y dogmas radicales del subsidio estatal. Pero así, se desarraiga al músico, pues allá en el exterior hará arte universal, no vivirá la contextualización venezolana. Y un músico extranjero si observa la realidad venezolana y se encuentra con una muestra de nuestro arte donde las personas se disfrazan de Bolívar y otros personajes históricos o de indígenas, sólo podrá llegar a la conclusión de que este es un país híper surrealista. Así que estamos ante una visión neurótica de la realidad, asumiendo personajes que no somos nosotros para explicar nuestro presente”.

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 Juan Carlos Núñez en Cantata Simón Bolívar

Bolívar, Neruda y la Paz

El músico no es está más allá del bien y del mal. Está inmerso en su contexto, el mundo o el país en donde vive. Si además se dedica a la composición, entonces debe convertirse en un sociólogo prácticamente, y estar atento a los signos que su sociedad impone, en estos últimos tiempos con ritmo delirante. Juan Carlos Núñez se ha dado a la tarea de estudiar a la sociedad venezolana para traducirla en la música y hace un ejercicio científico de esa contextualización. La iconografía no la ignora, es imposible, porque el venezolano recurre a sus grandes íconos para explicarse a sí mismo, la realidad en la que está inmerso. De allí que le compuso a Bolívar: “En Cantata Simón Bolívar se expresa el Bolívar del  gran poeta chileno –que era marxista, por cierto- Pablo Neruda. No es un Bolívar complaciente, es un Bolívar crucificado por sus congéneres y en el río de sangre que él mismo derrama a través de la guerra, se hace un ejercicio de reflexión sobre la paz. A partir del poema de Neruda compuse con el estilo de una pieza de teatro religioso llamada auto sacramental. La Libertad –personaje que narra el poema, encarnada por Fanny Arjona- hace un viaje a la eternidad y se encuentra con Bolívar crucificado. Cuatro ángeles, deidades con distintas fuerzas, van hilando la historia y Bolívar termina siendo consagrado como un símbolo de paz, pero es una paz que invita a una reflexión mayor. Ese aporte reflexivo es para la sociedad venezolana de hoy. Pablo Neruda en Un Canto para Bolívar nos muestra a El Libertador como un símbolo de paz, un símbolo de lucha y es que ambos vienen de ser mártires en sus propios procesos y terminan siendo crucificados por sus coetáneos. En ambos, la lucha fue por la paz en la América del Sur. Nos habla de la paz como la mayor herramienta de la subversión contra la guerra”.

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 El director y compositor, frente a Libertad (Fanny Arjona)

Juan Carlos Núñez le apuesta a un Bolívar guerrero y pacifista: “Como Neruda, busco presentar a un Simón Bolívar que cuestiona la guerra y la esclavitud, como el cáncer del pensamiento latinoamericano. Un chileno como Pablo Neruda nos lo pinta como el único símbolo de paz al que podemos aferrarnos y lo hace con claridad meridiana”.

El estreno de Cantata Simón Bolívar fue con la Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) el año pasado, con quien mantiene una sólida relación desde 1972, y a propósito de esa ocasión nos dijo: “Felicito a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, siempre vanguardista, por exponer esta visión de mi obra que no es complaciente, pues a Bolívar lo crucifican sus prójimos y a través de un río de sangre derramada, se llega a la paz luego de la guerra. Así que es un poema atroz, que da para una profunda deliberación, que incluye esa dialéctica, la de que para alcanzar la paz se debe pasar por la guerra. Bolívar vivió la guerra hasta el fondo en un continente oscuro. Y esa misión de alcanzar la paz todavía no se ha consumado totalmente. América Latina, y especialmente Venezuela, siguen construyendo su paz. La invitación es a que el público se acerque a Cantata Simón Bolívar y reconozca al Bolívar más polémico de la historia y pueda reflexionar sobre la paz”.

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 “Como Neruda, busco presentar a un Simón Bolívar que cuestiona la guerra y la esclavitud, como el cáncer del pensamiento latinoamericano”, Juan Carlos Núñez 

Es relevante que el estreno mundial de esta obra se diera con la Orquesta Sinfónica de Venezuela con la cual estrenara su primera obra hace 44 años: “Es la primera institución musical del país con una legítima trascendencia histórica y con una fidelidad hacia sus orígenes. Es de gran valor que estrenara una obra de un autor venezolano en los momentos históricos que se viven”.

Juan Carlos Núñez advierte que por cantarle a Bolívar no trata de ser nacionalista o de complacer políticamente a un sector u a otro: “De El Nacionalismo lo interesante sería rescatar las piezas, muchas de ellas compuestas para la Orquesta Sinfónica de Venezuela y volverlas a interpretar, siquiera una vez, para que el público las aprecie. Está la obra Las Torres Desprevenidas de Rhazés Hernández López, por ejemplo y hay muchas más. Tendría un valor documental histórico. Hay una gran cantidad de compositores nacionalistas que no han sido escuchados porque a veces priva el criterio comercial y es una violación al derecho de un país de acceder a estas obras que tienen un peso y un valor documental único y trascendente. La OSV es depositaria de una herencia histórica que es muy grande y a través de los años se ha afianzado en ese legado que es para todos los venezolanos”.

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 “La OSV es la primera institución musical del país con una legítima trascendencia histórica y con una fidelidad hacia sus orígenes”, Juan Carlos Núñez

El proceso creativo, la inspiración y la exigencia de un contexto

Hablar sobre el rol de la enseñanza es para Juan Carlos Núñez un ejercicio de alegría. Las palabras brotan cargadas de emoción, quizás porque es un verdadero maestro a tiempo completo, y ejerce esa pasión en dos instituciones: desde hace 20 años está al frente del Programa de Formación Musical de El Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela a la par con su labor en la Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez. Tiene su propio punto de vista y no ofrece concesiones: hace vanguardia al decir que lucha por liberarse de una “ortodoxia académica disfrazada de conocimiento inaccesible. La crítica hacia el sistema reinante, las reflexiones, resultan beneficiosas para los jóvenes”.

En su Cátedra Latinoamericana de Composición Antonio Estévez, desde el Museo del Teclado, en pleno centro de Caracas, sigue atento al surgimiento de la generación de nuevos compositores e insiste que hay entre 6 y 8 nuevos talentos creadores que serán el futuro. Son cientos de estudiantes que pasan por su aula, donde sobresale un proceso de independencia y libertad: “No hay ideología prevalente, hay una dinámica pedagógica madura. El método comparativo y la creación son referentes a seguir, donde lo importante es relacionar el conocimiento con nuestra propia musicalidad. No se trata de formar copiadores de estilo, ni de que aprueben con 20 puntos para salir del paso. Es la instancia más creíble a nivel de pregrado”.

Juan Carlos Núñez está en contra de los epígonos, no acepta la copia de los estilos anteriores. Busca trascender lo ya conocido y explorado: “El director es un gran intérprete, si no ha tocado un instrumento es sospechoso. Como director, tenemos que tocar un instrumento y analizar y estudiar la evolución de los grandes maestros de la música. Si no, seríamos epígonos”.

Sobre el aspecto creativo del compositor dice: “Sin compositor no hay música, sin obras no hay grandes intérpretes”. Por eso el maestro Núñez se mantiene activo, y la musa cuando le visita se expresa a través de un proceso creador cuidadoso: “Mantengo una discusión estética interna y soy incapaz de violar el espacio acústico de una orquesta sinfónica. Así que siempre conservo en mente la disposición de la orquesta, sus instrumentos, la sonoridad de cada uno, para poder expresar la música tomando en cuenta todos estos elementos. Sigo fiel al pentagrama y a mi lápiz de grafito y uso sólo la tecnología para la edición. Usar el conocimiento verdadero de la acústica para componer es determinante. La tecnología y las nuevas aplicaciones hay que abordarlas con cuidado, porque la globalización puede resultar alienante y victimizante para el creador musical. El compositor debe mantenerse fiel a su contexto”.

Como arreglista, Juan Carlos Núñez, revela que se trata de una labor más compleja: “No se trata de un pintor de brocha gorda. Tiene que ser alguien capaz de interpretar para enriquecer a otro compositor y traducir su obra a otro nivel. En el caso de los arreglos para Seis Tonadas de Simón Díaz, la obra de un verdadero creador cobra vida nueva. El público será juez implacable, pues conoce la versión original y no será indulgente de ninguna manera”.

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Además de la música, Juan Carlos Núñez siente pasión absoluta por el teatro y la poesía. Libros de Federico García Lorca, Walt Whitman, Pablo Neruda y de los clásicos del Período de Oro Español forman parte de su biblioteca. Suele oír música de Stephen Reich, Philip Glass y La Monte Young, así como a las grandes figuras del Jazz. El cine también le atrae y es que ha compuesto para este género, como la música de El Rebaño de los Ángeles, del cineasta venezolano Román Chalbaud en 1979.

Entre los sueños por cumplir le queda escribir teatro lírico: “una ópera o un gran musical que no se haya escrito. El teatro musical es una de las formas que suele resolver ecuaciones que no ofrece el academicismo ortodoxo y dogmático. Es una forma más libre. En el teatro, los dogmáticos no pueden tocarte. Existe una absurda creencia de que se pueden masificar las artes como el teatro, contemplándose la taquilla y eso conlleva a la mediocridad, por la carencia de un guía, un director con una estética. La dramaturgia como ciencia social es necesaria, porque los dramaturgos guían a la sociedad”. Igual sucede en el mundo de la música clásica.

juan carlos núñez foto portada disco editadaJuan Carlos Núñez

Obras para orquesta: Tocatta sinfónica (1972), Alejo Carpentier 1930 (1975), Concierto para órgano (1976), Ritos solares (1976), Salmo popular y doliente (1978), Tango Cortázar (1978), Concierto Poullet para chelo (1985), Doble concierto para flauta y violín (1986), Concierto Casablanca, para oboe, fagot y ensamble de jazz (1987), Tres cuadros de Anita Patin, para guitarra (1993), Toie Ezigane, para violín (1993), Seis tonadas de Simón Díaz (1999), Tocatta N°2 (2001), Vals (2003). Obras sinfónico-corales: Más música del hombre en otra historia (1978), Réquiem a la memoria de don Simón Bolívar (1986),  Poeta en Nueva York (1991), El árbol de Chernobyl  (1992), Misa de los trópicos (1994), Tres poemas de César Vallejo para barítono (1999), Música para los espacios cálidos, con poesía de Vicente Gerbasi (1999), Tres cantos de trabajo para barítono (2002). Óperas: Doña Bárbara, basada en el texto de Rómulo Gallegos; Chúo Gil, basada en el texto de Arturo Uslar Pietri y El tambor de Damasco, basada en el texto de Yukio Mishima. Música para teatro: Historia sentimental del merengue (1970), El rebaño de los ángeles (1970), Alfabeto para analfabetos (1976), Bolívar (1981), A petición del público (1984). Peer Gynt (1992), La tempestad (1992). Música de cámara: Trío para violín, violonchelo y piano (1992), 1994: Homenaje tropical a Arvo Pärt para dos pianos (1994), Pezzo concertante para nueve instrumentos solistas (1995). Obras del último período: Música para el Martirio de San Sebastián, estrenada con la Orquesta Sinfónica de Venezuela. 4 Movimientos para violín y orquesta, dedicado a Alexis Cárdenas (Comisión Orquesta Sinfónica de Venezuela, Estreno en Roma, Italia, 2008),Concierto para trompeta y orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, 2009, Inédita), Tangos y Mambos para orquesta (Comisión Eduardo Marturet, 2010, Inédita), Concierto para Oboe y Orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, dedicado a Andrés Eloy Medina, 2010), Amazonía (Comisión Parlamento Amazónico y Asamblea Nacional. Basado en textos yanomami recopilados por Marie Claude Muller, Estreno 2011 con la Orquesta Sinfónica de Venezuela), Concierto para orquesta (Comisión Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, Estreno bajo la dirección de Joshua Dos Santos, 2013).

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LA OSV Y LA EXPRESIÓN CULTURAL EN LA CREACIÓN DE UN ESPACIO VITAL PARA CARACAS

#85ANIVERSARIOOSV #Nuestra historia #ConchaAcústicadeBelloMonte

La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) cumple 85 años de actividad ininterrumpida. Pionera en el movimiento sinfónico nacional, producto de la ardua labor de músicos que lucharon por darle una continuidad en el tiempo. La Concha Acústica de Bello Monte, conocida como Anfiteatro José Ángel Lamas, está vinculada a la Orquesta Sinfónica de Venezuela desde su fundación hace 61 años y sigue siendo un lugar vital para la cultura y el esparcimiento capitalino. Aquí recordamos el día en que fue inaugurada, el 19 de marzo de 1954, durante los tiempos de la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez, con un concierto de nuestra institución bajo la dirección del reconocido maestro alemán Wilhem Furtwängler y de nuestro querido Vicente Emilio Sojo.

concha acustica para osvConcierto Inaugural 19 de marzo de 1954 a cargo de la OSV

Evelyn Navas Abdulkadir. Prensa OSV. La Concha Acústica de Bello Monte fue conocida en sus primeros años bajo el nombre de Anfiteatro José Ángel Lamas, en honor a uno de los compositores venezolanos más prolíficos de la época colonial. Y su origen está vinculado –innegablemente- al nombre de nuestro prócer fundador de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, Pedro Antonio Ríos-Reyna, considerado también como uno de los promotores culturales más importantes del Siglo XX en nuestro país.

Su construcción fue en tiempo récord, en tan sólo 45 días. En su época fue un excelente teatro lírico al aire libre. El concierto inaugural estuvo a cargo de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, bajo la dirección del afamado maestro alemán Wilhem Furtwängler y del maestro Vicente Emilio Sojo, con un repertorio de magníficas obras de Lamas y Caro de Boesi interpretadas por el Orfeón Lamas, el viernes 19 de marzo de 1954 a las 9 p.m. Ese día se hacía honor al entonces Presidente de la República, Marcos Pérez Jiménez y a los miembros de la Décima Conferencia Interamericana.

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La presencia de Furtwängler en Caracas fue muy considerada todo un suceso en nuestro país. Era uno de los directores alemanes más destacados de su tiempo. Fue director de Staatskapelle de Berlín y de la Staatsoper Unter den Linden, donde fue sucesor de Richard Strauss y luego estuvo en la Orquesta de la Gewandhaus de Leipzig, donde sucedió a Arthur Nikisch. También fue regente en la prestigiosa Orquesta Filarmónica de Berlín hasta finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando fue reemplazado entre 1945 y 1952 por Sergiu Celibidache. Regresó en 1952  y permaneció hasta su muerte en 1954, cuando le sucede el recordado Herbert von Karajan. Aunque estuvo trabajando para el gobierno nazi, no estuvo de acuerdo con la política de ese régimen y por eso debió abandonar su cargo como director.

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El programa en la primera parte incluía O, María de José Ángel Lamas; Parce mihi, Dómine de José Antonio Caro de Boesi y Benedicta et Venerábilis de José Ángel Lamas, que fueron interpretadas por el Orfeón José Ángel Lamas –conocido también como Orfeón Primado de la República- y la Orquesta Sinfónica de Venezuela, bajo la dirección del maestro Vicente Emilio Sojo, según consta en los programas guardados en los archivos históricos de la OSV. En la segunda parte, luego del intermedio, la Orquesta Sinfónica de Venezuela, estaría bajo la batuta del director invitado, Wilhem Furtwängler. Las obras seleccionadas fueron: Concierto Grosso Op. 6 N°10 de Händel; el poema sinfónico Don Juan Op.20 de Richard Strauss y finalmente, Obertura “Tannhäuser” de Wagner.

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El maestro Furtwängler se quedó en Caracas unos días. El 19 de marzo de 1954 se realizó el primer concierto. El segundo concierto fue el 21 de marzo bajo la dirección única de Furtwängler  cuando se grabó un disco en vivo con la Orquesta Sinfónica de Venezuela desde la Concha Acústica de Bello Monte y el repertorio incluía las obras Don Juan de Strauss, Concerto Gross Op. 6 N°10 de Händel y la Sinfonía N° 1 Op. 68 de Brahms. Como grabación en vivo, un tesoro a la fecha, presenta las inevitables imperfecciones y la falta de balance entre los instrumentos.

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Grabación tomada en vivo del concierto en el Anfiteatro José Ángel Lamas

Del concierto inaugural, cabe mencionar una serie de detalles –hoy anecdóticos- que demuestran la naturaleza de los maestros fundadores Vicente Emilio Sojo, de gran carácter y rectitud y de Pedro Antonio Ríos-Reyna, como hábil conciliador. El maestro Felipe Izcaray, como amigo del maestro Sojo, recuerda los comentarios que se hicieron sobre ese concierto en particular: “Al estar presente el Presidente, había que iniciar el concierto con el Himno Nacional, cosa que el Maestro Vicente Emilio Sojo, director de la primera parte del evento, se negó a hacer. Decía con firmeza ‘Yo no le voy a rendir honores a ese sátrapa usurpador’. Después de mucha discusión y ‘negociación’, el himno fue dirigido por el Concertino, Pedro Antonio Ríos-Reyna y el concierto comenzó con una hora de retraso. Furtwängler no entendía nada. Esto me lo contó el Dr. Inocente Palacios, Presidente de la Fundación José Ángel Lamas y de la Urbanización Colinas de Bello Monte, pero el propio Maestro Sojo me lo expresó en una oportunidad. Pérez Jiménez respetaba mucho al Maestro y no le dio importancia al incidente, incluso me decía Palacios que se dio cuenta y sólo sonreía. Una vez condecoró a Sojo, pero el Maestro no fue al acto y Pérez Jiménez le mandó una batuta de oro en un estuche de terciopelo, que luego el maestro, narrado por él mismo, tiró al río Guaire”.

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 El maestro Ríos-Reyna durante la interpretación del Himno Nacional

1954 fue un año muy fructífero para la cultura en general en nuestra capital. Pedro Antonio Ríos-Reyna se lució como promotor cultural, el gran gestor y como director de orquesta en el I Festival de Música Latinoamericana realizado en el Anfiteatro José Ángel Lamas de Caracas. Estos festivales fueron emprendidos por Pedro Antonio Ríos-Reyna, Juan Bautista Plaza, Inocente Palacios, Simón Álvarez, Enrique de los Ríos y Alejo Carpentier. Las obras de compositores venezolanos como Antonio Lauro, Evencio Castellanos, Gonzalo Castellanos, Antonio Estévez, Inocente Carreño, Modesta Bor y tantos otros nombres de la música contemporánea de nuestro país, tuvieron alta exposición y gran recibimiento del público.

Ríos-Reyna fue el factor aglutinante de solistas y compositores participantes en ese magno evento histórico que marcó hito en la historia musical latinoamericana. Fue el principal entusiasta y colaborador del Dr. Inocente Palacios, el empresario que donó a la orquesta el terreno, para que luego se construyera en ese espacio la llamada ‘Concha Acústica de Bello Monte’, que no es otra que el ‘Anfiteatro José Ángel Lamas’, donde se realizó el festival. En 1957 se realizó el segundo festival.

 

Resistiendo el paso del tiempo

Desde su creación, la Concha Acústica de Bello Monte presentó un estilo único, original, todo un modelo de arte moderno. Fue ejecutada por el gobierno nacional en cooperación con la empresa Colinas de Bello Monte. Concebida como escenario para que la primera orquesta sinfónica profesional del país, la Orquesta Sinfónica de Venezuela, se luciera en espectáculos de gran factura y al alcance de un público que gustaba de las bellas artes, entre ellas, la música. Entre 1954 y 1983 la Orquesta Sinfónica Venezuela se presentó 51 veces en ese recinto.

Al haber sido diseñada por un especialista en Acústica como lo fue Julio César Volante, la Concha Acústica de Bello Monte tuvo y mantiene la particularidad de que no se necesita micrófonos ni equipos de amplificación. Así que en las presentaciones de Ópera o conciertos de música clásica, el público puede disfrutar del sonido natural emanado por las voces o los instrumentos musicales. La instalación suministra amplificación natural.

Durante el III Festival Latinoamericano de Música de Caracas (1966) hubo problemas con los ruidos aledaños. Durante uno de los conciertos de la Philadelphia Orchestra con Eugene Ormandy, se oía fuertemente la música de una conocida orquesta de baile que animaba una fiesta en el cercano Club Táchira, y hubo que negociar que la orquesta esperara un tiempo antes de comenzar el próximo set para poder culminar el concierto.

Durante los años 60, la Concha Acústica de Bello Monte fue escenario para eventos de gran corte popular, entre ellos se cuenta la realización de Miss Venezuela y las presentaciones del chileno Lucho Gatica y el Tenor Favorito de Venezuela, Alfredo Sadel, quienes acapararon a la afición totalmente.

En la década de los años 70 siguió siendo el lugar ideal para los grandes conciertos académicos y hasta recibió a Igor Stravinski dirigiendo a la OSV. En 1983, la OSV se muda al Teatro Teresa Carreño cuando le entregan la Sala Ríos Reyna como su sede permanente. En 1977, el Presidente de la República Carlos Andrés Pérez ordena el rescate de sus instalaciones.

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Actualmente, la Concha Acústica de Colinas de Bello Monte, sirve como un espacio para la cultura local y es la sede de la Orquesta Sinfónica Municipal de Baruta. Con mucha frecuencia presenta conciertos, festivales, obras de teatro y múltiples eventos al aire libre. Los caraqueños cuentan con este hermoso anfiteatro concebido por Julio César Volante, arquitecto especialista en acústica, lugar para cuidar y preservar por sus extraordinarias características: acústica perfecta (creado en 1954 para la Orquesta Sinfónica de Venezuela), aforo de 8 mil espectadores y el sitio ideal para que hoy se disfruten del teatro, el cine, la música y hasta de actividades deportivas y recreativas de todo tipo, en sus instalaciones.

 

#TRIVIA85ANIVERSARIOOSV: Participen por premios leyendo nuestro blog sinfonicadevenezuela.com y respondiendo preguntas sobre la semblanza correspondiente. En esta oportunidad se trata de la Concha Acústica de Bello Monte. Actívense! Lean! Compartan! Sean parte de nuestra celebración aniversario. Aquí están las preguntas:

  • En qué año se inauguró la Concha Acústica de Bello Monte?
  • Quién fue el director invitado al concierto inaugural?
  • Qué prócer fundador de la OSV estuvo vinculado durante su construcción?

Puede enviar sus respuestas a redessociales@sinfonicadevenezuela.org. Los esperamos!

Fuentes consultadas: Maestro Felipe IZcaray, Archivo de la Orquesta Sinfónica de Venezuela e Investigación del Profesor José Bergher, cellista, Presidente de la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela período 1986-1990.

Historia OSV

El 15 de enero de 1930 nace el movimiento sinfónico profesional en nuestro país

ORQUESTA SINFÓNICA DE VENEZUELA: 85 AÑOS PROTAGONIZANDO LA HISTORIA MUSICAL DE VENEZUELA Y DE AMÉRICA LATINA

La Orquesta Sinfónica de Venezuela (OSV) inicia este 2015 con un aniversario muy especial. Con ánimo renovado y espíritu firme, la pionera en el movimiento sinfónico nacional y latinoamericano, exalta esta fecha tan importante en la historia musical de nuestro país. Fecha en la que también se conmemora el Día del Maestro, celebramos por partida doble, pues desde su fundación la OSV estuvo bajo el mando de profesores, notables músicos dedicados exclusivamente a la enseñanza de las generaciones que luego rindieron grandes frutos. Ese legado docente sigue siendo hoy una de las máximas prioridades en la OSV, pues todos sus músicos son dedicados profesores que siguen sembrando la pasión por la música en nuestros jóvenes, trabajando con abnegación, profesionalismo y mística.

Sojo, Orfeon Lamas y OSV

Maestro Vicente Emilio Sojo dirigiendo al Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela, ambas instituciones creadas bajo su liderazgo en 1930

Evelyn Navas Abdulkadir. Prensa OSV. A partir de 1930 se inició un período muy fructífero para los músicos más valiosos de su época, sobre todo para los jóvenes que concretaron todos sus sueños cuando se reúnen en los primeros días de enero para los ensayos de la que sería luego la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela, actualmente conocida como Orquesta Sinfónica de Venezuela.

Durante la década de 1920 existió la Unión Filarmónica de Caracas (1922-1929), pero clausuró su actividad por falta de recursos económicos para su subsistencia. Aún así los músicos, dirigidos por el maestro Vicente Martucci, seguían interesados en tener una institución sólida. Compartiendo el interés con otros músicos colegas, pidieron a los maestros Ascanio Negretti Vasconcellos, Luis Calcaño Díaz y Simón Álvarez que se reunieran con el maestro Vicente Emilio Sojo y con su apoyo conformar la nueva orquesta sinfónica.  Aunque el maestro Sojo se negó en primera instancia, por falta de tiempo para ‘realizar  trabajos de director’, terminó accediendo.

Es así como en los primeros días de enero de 1930 empiezan a realizarse los primeros ensayos y luego el 15 de enero de 1930, 29 músicos –aproximadamente, según consta en los registros históricos de la OSV- se reúnen en la Escuela de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes de Caracas, hoy Escuela Superior de Música José Ángel Lamas, convocados por el maestro Vicente Emilio Sojo, para establecer los que serían los cimientos de la institución musical más firme en toda la historia orquestal de Venezuela hasta la fecha, la orquesta sinfónica más antigua y con mayor actividad ininterrumpida del continente latinoamericano.

Muchos de los músicos fundadores venían de la Banda Marcial de Caracas (la institución musical más antigua de Venezuela con 150 años de historia) y de otras instituciones vigentes a esa fecha, así como de la extinta Unión Filarmónica de Caracas, fundada en 1922 por el propio Vicente Martucci, con una existencia de sólo 7 años. Sus integrantes pasaron a conformar parte del grupo que el 24 de junio de 1930 intervendrían en el Teatro Nacional en el concierto inaugural de la nueva y definitiva agrupación orquestal denominada Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela, hoy Orquesta Sinfónica de Venezuela, La Sinfónica, La Venezuela, como llegó a ser conocida y querida por el público. Vicente Martucci dirigió la primera parte del concierto inaugural y compartió ese año la dirección con Vicente Emilio Sojo.

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Vicente Martucci y Vicente Emilio Sojo

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Caracas en 1930

Entre los músicos fundadores contamos con el siguiente plantel: DIRECTORES: Vicente Martucci, Vicente Emilio Sojo y Juan Bautista Plaza. VIOLINES: Ascanio Negretti Vasconcelos (concertino), Pedro Álvarez, Antonio Ríos Reyna, Francisco Delgado Albornoz, Mario García, Roger Leal, Miguel León Rivero, Ángel Sauce, y Pedro Monasterios. VIOLAS: Luis Calcaño Díaz, Oscar Grünwald, Maximiliano Ochoa y César Travieso. CELLOS: Carlos Áñez, Antonio Oyón (cello/ bajo) y Andrés Áñez (cello/bajo). BAJO: Juan Manuel Tovar. FLAUTA: Simón Álvarez. OBOE: Antonio Buraglia. CLARINETES: Oreste Denti y Pedro Antonio Urea. CORNO: Valeriano Blanco. FAGOT: César Guzmán. TROMPETA: Federico Ayesta. TROMBÓN: José Dolores y PERCUSION: Abel León.

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Juan Bautista Plaza

La creación de la Orquesta Sinfónica de Venezuela en 1930 guarda una importancia histórica de verdadero peso en la cultura musical de nuestro país: ese mismo año y por iniciativa del propio maestro Vicente Emilio Sojo nace el Orfeón Lamas. También se produce una verdadera revolución en el campo de la composición cuando músicos veteranos y jóvenes se unen para escribir musicalmente una época de oro para nuestro país.

Nombres como José Antonio Calcaño, Miguel Ángel Calcaño, Vicente Emilio Sojo, Juan Bautista Plaza, Moisés Moleiro, Juan Vicente Lecuna, Emilio Calcaño Calcaño, Francisco Esteban Caballero y Ascanio Negretti Vasconcelos, resaltan en ese período por ser grandes próceres de la música. Muchos de ellos, ligados desde un principio a la Orquesta Sinfónica de Venezuela.

En 1936, el maestro Vicente Emilio Sojo es nombrado director de la Escuela de la que surgirá  la primera generación de compositores en 1944. La existencia y el desarrollo de dos instituciones fundamentales para el perfeccionamiento y difusión de la música está vinculada a su actuar diligente: el Orfeón Lamas y la Orquesta Sinfónica Venezuela. Bajo su enseñanza se formaron 3 generaciones de compositores, contribuyendo sobremanera a crear la escuela moderna de música venezolana.

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Maestro ejemplar: Vicente Emilio Sojo, Prócer Musical de Venezuela

Seguramente el maestro Vicente Emilio Sojo fue muy consciente desde el principio que una orquesta sinfónica no podía sobrevivir con el aporte inicial de sus propios músicos. Más que por el  amor al  arte,  la institución debía ser capaz de obtener ingresos propios, bien sea por el aporte de empresas públicas, privadas y hasta del mismo gobierno, así como de la taquilla. Entre 1930 y 1947, el propio maestro Sojo se dio a la tarea de lograr  la estabilización económica de la Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela. Con los recursos en mano, se marcó como prioridad la profesionalización de los músicos, permitiendo el ingreso de músicos extranjeros de altísimo nivel, para completar la formación inicial de los músicos existentes a la fecha. Muchos  de  esos  maestros  se  quedaron  en  nuestro  país, haciendo vida, creando familias, dando clases a la par de su labor en La Sinfónica. Ellos formaron a las generaciones de músicos que hoy lideran en la OSV y en otras tantas instituciones musicales de renombre.  Desde 1947 la OSV cuenta con el apoyo y patrocinio del Ministerio de Educación, hoy Ministerio del Poder Popular para la Educación.

Con los años y bajo el mando del maestro Vicente Emilio Sojo, de la formación inicial de 30 músicos pasamos a 100 músicos. La Orquesta Sinfónica de Venezuela marcó un hito histórico con su creación y ha mantenido el nivel de excelencia, calidad y compromiso de aquel primer concierto inaugural el 30 de junio de 1930. Los estatutos iniciales siguen guiando a la generación actual, siempre confiados en Venezuela y en dar lo mejor de nosotros mismos a los venezolanos.

La Orquesta Sinfónica de Venezuela marcó un hito histórico con su creación y ha mantenido el nivel de excelencia, calidad y compromiso  de  aquel  primer  concierto  inaugural  el  30  de  junio  de  1930. Actualmente la Orquesta Sinfónica de Venezuela cuenta con un plantel de 80 músicos profesionales, una plantilla renovada con los mejores talentos juveniles y veteranos, comprometidos con la excelencia y la calidad, en todos los sentidos, y un profundo amor por Venezuela.

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Inauguración del Teatro Teresa Carreño

A lo largo de estos 81 años de historia, la Orquesta Sinfónica de Venezuela ha debido ensayar y ofrecer conciertos en diversos espacios tales como la Escuela de Música José Angel Lamas, la Iglesia de Santa Capilla, los Teatros Nacional y Municipal, el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela y la Concha Acústica de Bello Monte, sin tener una sede propia, además de ser espacios que terminaron siendo pequeños para la creciente población caraqueña interesada en la cultura musical.

Dada la necesidad de una buena sala de conciertos en la ciudad de Caracas, en 1970 Pedro Antonio Ríos Reyna comienza las gestiones con el gobierno nacional para persuadirlo de construir un teatro en el que se realicen todo tipo de actividades culturales, pero que a su vez cumpliera con todos los requisitos técnicos y acústicos para la puesta en escena de una orquesta sinfónica o la realización de óperas y ballets. Debemos recordar que Pedro Antonio Ríos Reyna se desempeñó como violinista de la Orquesta Sinfónica de Venezuela desde su fundación en 1930 y era presidente de la misma en la época en que realiza las gestiones en pro de un teatro para la ciudad.

En 1973 se aprueba el proyecto de construcción del teatro y diez años más tarde, el 19 de abril de 1983, se inaugura con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, dirigido por el Maestro José Antonio Abreu en el que se interpretaron La Margariteña (Glosa Sinfónica) de Inocente Carreño y la Sinfonía Nº 4, Op. 36 en fa menor de Piotr Ilich Tchaikovsky con la asistencia del Presidente de la República, las autoridades gubernamentales e intelectuales de la época.

La sala principal del Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño lleva el nombre de Pedro Antonio Ríos Reyna en memoria de este ilustre músico que impulsó la creación de esta magnífica obra arquitectónica destinada a fines culturales, la más importante construida en Venezuela.

Tosca – 1972

Una de las puestas en escena de ópera Tosca en Venezuela fue el 26 de mayo de 1972 con la Orquesta Sinfónica de Venezuela en el marco de la Temporada Internacional de Ópera de Caracas.

Los cantantes Orianna Santunionne, Michele Molese, Giuseppe Taddei, Bernard Fitch y Danilo Van Der Han demostraron al público caraqueño, que asistió ese viernes al Teatro Municipal de Caracas, sus cualidades vocales que surgieron junto a las hermosas melodías compuestas por Puccini.

El director, Michelangelo Veltri, era para esa época un joven y renombrado músico que ya había actuado en la Scala de Milán, en la Ópera de Viena, el Metropotian Ópera de Nueva York y en el Teatro Colón de su ciudad natal Buenos Aires.

 La Temporada Internacional de Ópera de Caracas (del 16 de mayo al 4 de junio de 1972) estuvo organizada por Fundateatro, la Asociación Venezolana de Conciertos y la Orquesta Sinfónica de Venezuela quienes, hermanando esfuerzos, buscaban promover la Ópera en el público caraqueño de esa época los cuales pudieron disfrutar, además de Tosca, otras óperas como Ernani, Otello, Rigoletto, Manon Lescaut, Gianni Schichi, Adriana Lecouvreur y Pagliacci.  Como un dato interesante, en la ópera Adriana Lecouvreur de Cilea, participó el tenor Plácido Domingo.

Fuente: Revista Orquesta Sinfónica Venezuela Nº 13 y 14

Con impulso renovado

En 1966 la Orquesta Sinfónica de Venezuela inició la publicación de una revista de distribución gratuita dedicada a temas culturales y musicales cuyos artículos eran escritos por sus integrantes. Para ese entonces la Orquesta Sinfónica ya contaba con 36 años ininterrumpidos de actividad y era la única agrupación académica de la ciudad de Caracas y la más antigua de Venezuela.

Hoy en día el panorama musical venezolano es muy diferente. Sólo en la ciudad de Caracas existen varias orquestas sinfónicas profesionales y en cada ciudad de Venezuela hay centros de formación donde las nuevas generaciones descubren e interpretan a los grandes maestros de la música clásica. Todas estas agrupaciones provienen de un mismo lugar y son nacidas del seno de una misma orquesta, la Orquesta Sinfónica de Venezuela.

Nos sentimos comprometidos con la labor informativa y educativa dada nuestra condición de orquesta madre del movimiento sinfónico venezolano, y es por eso que queremos replicar lo hecho en 1966 comenzando una publicación gratuita y educativa con la creación de este blog pero en un nuevo formato, adaptado a los nuevos tiempos.

Esperamos que este rescate de la memoria musical venezolana sea de interés para todos y contribuya al fortalecimiento de nuestra identidad cultural como venezolanos.